martes, 20 de mayo de 2008

LA DIDÁCTICA COMO CIENCIA AUXILIAR PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL



Para entender la didáctica es necesario hacer un juicioso estudio de lo que ha sido su historia y su desarrollo en términos generales.

Como primera medida, al estudiar las investigaciones sobre didáctica, surge el primer problema: su definición. Este primer encuentro con su definición puede ser confuso ya que algunos afirman que la didáctica es una ciencia auxiliar, otros, que es una disciplina y algunos, que es un saber.

Para poder comprender qué es realmente la Didáctica se debe entender completamente la definición de Pedagogía. Si por ella se entiende el estudio sistemático, intencional y teórico, que se hace de manera científica, de la educación, podemos inferir que la didáctica es una ciencia auxiliar, que hace parte de la pedagogía y que se encarga de estudiar el proceso enseñanza-aprendizaje.

Así esta ciencia auxiliar posee una parte teórica y una práctica, la primera encargándose de la fundamentación de los problemas del proceso enseñanza-aprendizaje; y la segunda, tiene que ver con la puesta en escena de dicha fundamentación; sin embargo, ya que se trata de una ciencia humana, la práctica antecede a la teoría, para que la última tenga un valor significativo.


Por otro lado encontramos que la didáctica puede ser general, estudiando aspectos elementales, primordiales y comunes de las didácticas específicas; diferencial, aplicándose en casos específicos; y, finalmente, específica de cada disciplina, como la didáctica de la literatura, de la escritura, etc.

Ahora bien, la importancia del proceso enseñanza-aprendizaje es inevitable de ser estudiada; Como bien sabemos en el mundo moderno la educación es la encargada, por decirlo de alguna manera, de hacer de la sociedad un elemento de bien; es la única que puede reunir los suficientes actores para realizar sus deseos y objetivos emancipadores; así el procesos enseñanza-aprendizaje adquiere un deber social, cultural, político y transformador.

Dentro de la didáctica, así como en cualquier ciencia, existen roles cumplidos específicamente por cada uno de los actuantes, en este caso, del “hecho educativo”. De esta manera el maestro, el estudiante, el currículo y los contextos de cada uno de ellos juegan un papel de suma importancia.

El maestro como participante del proceso enseñanza-aprendizaje, debe cumplir una serie de requerimientos concretos para realizar su labor, que puede ser desde un simple vocero de la información, hasta un guía emancipador para sus estudiantes.

El estudiante por su parte tiene, igualmente, que cumplir requerimientos concretos, pero genéricamente debe poseer interés por el aprender. De igual manera puede variar desde ser receptor de la información, hasta cumplir con su labor social por medio de la crítica.

La legislación es también uno de los factores de la didáctica, por medio de ella se sabe lo que esta o no permitido para un contexto determinado, están explícitos los contenidos y las justificaciones del acto educativo. Muchas veces los maestros, directivos y estudiantes están sujetas por ella, a cumplir y seguir lo que allí esta contemplado.

Según lo postulado anteriormente nos podemos darnos cuenta de la importancia que tiene la didáctica, entendida como el estudio teórico-practico del proceso enseñanza-aprendizaje, en cuanto a lo social. Si la didáctica puede ayudarnos a construir una sociedad mejor, hay que aprovecharlo como futuros maestros. Según muchos pensadores del siglo XX, entre ellos Michael Focault, para cambiar la sociedad de un contexto determinado, solo basta con cambiar una generación, así detrás de ella el proceso de cambio ya estará realizado.

Viéndolo desde este punto la didáctica, y cada uno de sus protagonistas, tiene la responsabilidad, estando en manos de los docentes, de construir esa nueva generación, una generación que luche por un futuro mejor para todos, no solo para los pocos privilegiados, sino también para aquellos de los que solo se acuerda el olvido.

Una generación que trascienda del sí mismo para estar en la carne de otros que sufren más y que quizá se quejan menos, haciéndolo sin duda desde su propio y agradecido privilegio, buscando siempre calidad de vida y la educación del pueblo. Porque si nos quedamos con la educación tradicional, la educación de unos pocos que instruye y no construye dentro de las aulas de la escuela, continuaremos siendo una humanidad sin humanidades, como lo afirma Fernando Savater. El problema de las humanidades en el campo netamente educativo no es cuales se enseñen ni cuantas horas se le dediquen a unas o a otras, sino cómo se haga. Si predomina en el maestro lo que Savater llama “pedantería” pues no lograremos nada.