martes, 20 de mayo de 2008

MORAL Y LUCES

"Moral y luces son los polos de una República: moral y luces son nuestras primeras necesidades"[1]


Para entender cómo concebía Simón Bolívar la educación debemos remitirnos a la que él recibió en su juventud. “A pesar de la riqueza de su familia él no tuvo una educación sistemática. Algunos de sus maestros fueron Simón Rodríguez y Andrés Bello. En 1799 viajó a España dónde estudió matemáticas, idiomas, baile, e historia”[2]; y en alguna ocasión le dijo a su maestro Simón Rodríguez “Usted formó mi corazón para la libertad, para lo grande, para lo hermoso”[3].Con estos fragmentos de su biografía y de sus manuscritos, vemos cómo fue educado fuera de las instituciones, y cómo su relación educativa con sus maestros, conocidos pensadores de la época, fue completamente llevada por el camino del libre pensamiento y la autodisciplina. Ese libre pensamiento era el que quería implantar en las aulas de la Gran Colombia.

La educación de un pueblo pone fin a su condena de ignorante y a su papel de oprimido; eso pensaba Bolívar y en sus discursos lo demuestra, y lo propone, como principal eje político, social y económico. Con el epígrafe superior Simón Bolívar empieza a hablar de educación en el congreso de Angostura, que tiempo después, a raíz de las malinterpretaciones, fue el fin de su gloria.

La instrucción masiva de un pueblo de agricultores, como lo era la Gran Colombia, iba a hacer de ella una potencia social, cultural y económica, que hiciera contrapeso a nuestros “vecinos del norte”; porque para cambiar el pensamiento y el comportamiento de una república hay que educar o, mejor, reeducar a su pueblo. Para Bolívar la simple alfabetización de los campesinos iba a darles su libertad intelectual, el resto vendría por añadidura.

Proponía una educación en principio básica pero gratuita, manejada, como todo, por el estado, que permitiera a los más pobres acceder al conocimiento, que para ellos había estado siempre en la sombra; una educación sin discriminaciones, sin clases sociales, sin apellidos ni linajes; la educación de un pueblo donde todos fueran hermanos.

La educación que imaginaba el Libertador estaba diseñada para un momento y una realidad política y social concreta, y tenia como propósito hacer una transformación radical, empezando por construir la noción de una patria americana y no para mantener a la vieja España como patria. El general buscaba una educación revolucionaria, una educación activa que permitiera al pueblo hacer valer sus derechos, esos que por supuesto nunca había tenido. Buscó también la unión de las clases sociales en las escuelas básicas y la igualdad de las mujeres en el campo educativo; digamos que quería hacer una preparación previa al pueblo para así logar el desarrollo de la república.

Por otro lado vale la pena anotar que para Bolívar la educación sería la fuente de trabajo, ya que ésta se aplicaría al campo de los oficios, las técnicas y las ciencias aplicadas, de esta manera el desarrollo económico e intelectual del pueblo sería inminente. El papel del maestro sería fundamental para realizar este ideal, y el libertador lo sabía, le dio una gran importancia señalando que el docente “estaba en el lugar más elevado, ya que de él dependería la educación de la juventud”.

Nuestra Gran Colombia, después de casi cuatrocientos años de esclavitud ante los colonizadores, veía la luz de la revolución y de la libertad, a manos del más grande visionario latinoamericano. Pero después de la gloria viene la decadencia, el fin de la transparencia y la traición, y como consecuencia, el desorden y el caos.

Desafortunadamente Bolívar no tuvo tiempo suficiente para demostrar su acierto y su poder para manejar un país como el que él mismo había construido a costa de sangre y vidas. El pueblo de la Gran Colombia tuvo un comienzo lleno de ideas, de idealistas, de política en todo el esplendor de la palabra, de ganas de salir adelante y lo más importante de líderes verdaderamente revolucionarios y capaces; sin embargo, la ambición de algunos la llevo a una guerra interna que fue más fuerte que todas las guerras ganadas en el pasado al verdadero enemigo.

Con el paso de los años se ha hecho más difícil conocer la verdadera versión de la historia, la que no ha sido manipulada, porque así como dice el catedrático Ulises Casas en su escrito sobre el Significado del 20 de Julio de 1810 “…La historia oficial responde siempre a intereses de clase o sector de clase mediante la cual se pretende legitimar la dominación”. Encontramos en los libros, en las enciclopedias, en los artículos de reconocidos historiadores, una historia falsa y malinterpretada. “…En tanto, el Libertador promovía la implantación de una norma constitucional más conservadora y centralista, en conclusión, una dictadura”
[4], pero hay que ir más allá de un simple texto enciclopédico.

Para saber la verdad es necesario hacer un estudio profundo sobre los diarios del libertador, sobre sus escritos políticos y personales, sobre sus discursos; quizá esa sea la única forma para no caer en la mentira. Bolívar comprendía que después de casi cuatrocientos años de opresión española el pueblo no podía ser gobernado por una democracia absoluta; como todo cambio, éste también necesitaba ser producto de un proceso ordenado, por eso proponía un gobierno centralista, manejado por un único líder. De este último planteamiento dan cuenta sus escritos posteriores a la batalla de Boyacá (1810), y su pronunciamiento en la fracasada Convención de Ocaña (1828), donde se desató públicamente su rivalidad con Santander. Ese gobierno centralista no era, ni mucho menos, una propuesta totalitarista ni antidemocrática, era solo un paso adelante en el proceso de democratización, porque…un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción
[5].

Como vemos, para Bolívar la educación era la base principal para todo, pero la malinterpretación de sus pronunciamientos y de sus escritos político, principalmente, llevo a sus rivales a llamarlo dictador y a participar en una campaña en su contra, que tenía entre sus acciones el asalto de la Noche Septembrina y que termino con su destierro y muerte en diciembre de 1830.

Si analizamos la causa bolivariana podríamos determinar el justo momento donde se acaban los ideales de una patria unida y educada, y donde empieza el desorden y, lo que llamaría, una división anarquista; no estábamos unidos, ni divididos en dos bandos, cada uno caminaba hacia el futuro por caminos divergentes.

La propuesta de este ensayo es determinar el momento donde empezó lo que vivimos ahora las nuevas generaciones, y no hay mejor modo para determinar ese momento que iniciando en un cambio político radical como fue la independencia. Antes de ésta podríamos decir que la educación se basaba en un modelo tradicional, como lo hemos visto, manejada en su totalidad por la iglesia católica y a la que sólo tenía entrada una mínima parte de población.

“La Iglesia ejerce también un dominio absoluto en el campo de la educación. Todos los centros de enseñanza de la Nueva Granada, desde las escuelas de gramática hasta las universidades, están a cargo de eclesiásticos, especialmente dominicos y jesuitas, quienes aplican rigurosamente las disposiciones dictadas por el Concilio de Trento en materia educativa. De esta manera, el tipo de educación que recibe la sociedad criolla está determinado también por la ideología de la Contrarreforma. La cultura renacentista europea se trasplanta a las universidades y colegios del Nuevo Reino, siguiendo los modelos españoles, entre los cuales Salamanca es el principal. Al mismo tiempo, entre el resto de la población, y sobre todo a través de la evangelización, se impone un tipo de tradición medieval reflejada en la vida conventual, austera y aislada, que caracteriza a la ciudad desde finales del siglo XVI”
[6]

Después de esto vinieron las guerras independentistas, y el cambio que le daría el general Bolívar a la nación sería una educación basada en el libre pensamiento del que hablamos anteriormente, pero que ni él, ni ninguno de nuestros líderes a lo largo de la historia han logrado llevar a cabo.

Detrás de la conspiración en contra del general se desintegró la Gran Colombia, Santander obtuvo el poder de lo que ahora es el territorio colombiano y Panamá, lo convirtió en una república centralista, y decretó que “la educación debía ser la principal empresa del estado”; este postulado, a pesar de su semejanza con el ideal del Libertador, no pasó nunca de ser un decreto. Si bien se designó gran cantidad de dinero y se abrieron escuelas gratuitas, la educación nunca llego a ser una base para el desarrollo, ni mucho menos pudo cambiar la condición del pueblo.

Así se determina el momento histórico donde se destruyó el ideal de una sociedad educada y la posibilidad real de que así fuera. Sin embargo, años después, aparecieron figuras revolucionarias con grandes ideas para la educación, pero su carrera hacia el poder fue también interrumpida y como siempre ganó el tradicionalismo, que como lo vivimos, no nos ha llevado, ni nos llevará, a tener una patria propia sin influencias exteriores que maten nuestra cultura en vez de enriquecerla y que nos permita pensarnos y pensar el mundo por nosotros mismos.

“Para juzgar de las revoluciones y de sus autores, es menester observarlos muy de cerca y juzgarlos muy de lejos” Simón Bolívar.
[7]

[1] Simón Bolívar, Congreso de Angostura, 1819.
[2] B. G Y M. S, Biografía de Simón Bolívar. Ministerio de Cultura. Colombia. 1998.
[3] Cornelio Hispano, citando un manuscrito del Libertador. 5.7. 1919
[4] Enciclopedia de historia colombiana. Ed. Nauta. 1990.
[5] Simón Bolívar, Carta a José María Sucre. 1828.
[6] Lucía Cadavid. Santafé de Bogotá: Una ciudad de iglesias. Universidad de Los Andes. 2002
[7] Cornelio Hispano, 3.4.1919